¡Trata tu trato!

No importa cuánto talento posea ni qué posición ostente en el equipo; al final lo que más causa satisfacción en otros al trabajar con usted es el buen trato que reciben. Todo se reduce a esa conducta que habla de los valores que la rigen. Desdichadamente, hay dirigentes que carecen del trato mínimo aceptable hacia los demás y sus organizaciones nunca logran el éxito porque carecen de relaciones internas idóneas, consecuencia de la incapacidad de sus miembros para tratarse con sanos principios.

El trato a los demás evidencia el concepto que se tiene de sí mismo. Quienes tienen una expresión verbal cordial, apropiada, proactiva y constructiva, posiblemente gozan de serenidad debido a una autoestima equilibrada. Esta fortaleza emocional se ha labrado con experiencias que les demostraron que no son más ni menos que otras personas, por lo tanto, el respeto, el servicio y la humildad son sellos indelebles en sus relaciones interpersonales.

Gritar, insultar, imponer, mofarse, o evadir la confrontación de ideas son evidencias de que su gestor tiene una limitada inteligencia emocional. ¿Quién disfruta trabajar al lado de alguien así? Lo peor es que al percibir el rechazo de colaboradores ecuánimes, los “descontrolados” tienden a agravar sus relaciones al volverse aún más agresivos, manipuladores y soberbios. No tienen conciencia de que al actuar así se mueven en aguas pantanosas y se hundirán en la indiferencia hacia ellos y, consecuentemente, en la soledad.

Los miembros de un equipo podrían pactar hacer un alto en el camino cada seis meses para expresarse asertivamente cómo perciben el trato mutuo, qué funciona y qué no en sus relaciones y cómo rectificarán los errores en su trato. Lo que no se mide se deteriora; en un equipo de alto rendimiento existe pasión por la medición y esto puede aplicarse para evaluar la calidad del trato que cada miembro brinda a sus colegas.

“Quien tiene buen trato para todos, es grato,” dice un refrán. Ahora bien, la paradoja es que la persona que exhibe un pésimo trato hacia los demás rara vez lo reconoce, con lo cual se condena a afectar paulatinamente sus relaciones hasta llegar a ser insoportables. ¿Por qué no emprender un cambio profundo luego de aceptar que se tiene un problema?

Tratar nuestro trato para mejorarlo es una decisión inteligente para gozar de una mejor calidad de vida, pues al fin y al cabo esta depende de la calidad de relaciones.

Fuente: INCAE
por, German Retana
Profesor pleno de INCAE Business School

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