Desde el Primer minuto

Diversas especies animales amanecen con una rutina instintiva, una y otra vez, sin cambios apreciables. Curiosamente, hay personas que hacen lo mismo, día tras día. También hay organizaciones que comienzan nuevas temporadas de trabajo sin superarse a sí mismas, a pesar de sus deseos y talentos. Una insuficiente aptitud reflexiva podría ser la causa.

¿Qué tal si empezamos el día, mes o año con un rito diferente? Al despertar, por ejemplo, primero podemos dedicar unos minutos a tomar conciencia de la gracia de estar vivos, del privilegio de tener una familia, un trabajo, salud y muchos retos que le dan sentido a la existencia. En esos mismos instantes, podemos repasar quién es la persona que deseamos ser cada día, nuestros valores, reglas de oro y anhelos. De igual forma, puede hacerlo un equipo serio que inicia un nuevo período de gestión reafirmando su identidad ganadora.

En segundo lugar, podemos visualizar cuáles son los tres compromisos más importantes del día y por qué agregan valor a la organización y a nosotros mismos. ¿Cómo deseamos que resulten estas tres situaciones? ¿Cómo nos imaginamos al concluirlas? ¿Cuáles serán las condiciones del entorno, de los otros actores involucrados y cómo lidiaremos con las adversidades potenciales? Un ideal positivo y realista enciende la pasión en un equipo.

Teniendo clara esa visión, llega el tercer paso: focalizar la energía en los objetivos. Reducir las distracciones, reafirmar las prioridades y enfocarnos en el presente. A lo mejor necesitaremos procesar situaciones pasadas que afectan la concentración en el presente, o bien, ajustar planes futuros que introducen ansiedades. Un equipo de trabajo focalizado es como un niño absorto disfrutando un nuevo juguete.

El cuarto paso es la mentalización, la definición de una actitud clara, explícitamente triunfadora y fuerte con la cual concretaremos lo visualizado. La mentalidad de un equipo es lo que le distingue de los demás. En el deporte y en las empresas, se compite con la combinación inteligente de capacidades y actitudes.

Finalmente, la motivación cierra este ciclo de reflexión. Repasamos los motivos para entrar en acción y por los cuales estamos dispuestos a dar y darnos por completo para alcanzar los objetivos, como equipo o como personas. No se trata de llenarnos de discursos positivistas, sino de argumentos sólidos que sustentarán el arduo proceso de superar retos significativos.

Habiendo pasado entonces por las fases de toma de conciencia, visualización, focalización, mentalización y motivación, emprendidas desde el primer minuto de cada día o período, lo que queda es entrar en acción, con la convicción de escribir una nueva e histórica página a nuestra existencia, como individuos u organización.

Fuente: Blog INCAE
por, German Retana

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